Sola Fide: ¿Cuestión de semántica?

Por: Javier López

Se acerca la fecha en la que todos los cristianos recordaremos los inicios de la Reforma Protestante, misma que inició hace 500 años. El 31 de octubre del 2017, algunos tendremos en mente a aquel fraile católico agustino, Martín Lutero, personaje historico que en dicha fecha clavó sus 95 tesis en el Palacio de Wittenberg como una invitación abierta a debatirlas. Lutero tuvo diversas enseñanzas, entre ellas la «Sola Fide».

La «Sola Fide» o sólo por la fe, enseña que somos justos solamente por la fe, en otras palabras, no son necesarias las obras para nuestra salvación. Pero, ¿así funciona relamente la justificación?

A lo largo de 500 años la Iglesia Católica y distintas denominaciones cristianas, han debatido sobre la cuestión de la salvación. Contrario a lo que se podría creer, hoy por hoy, la Iglesia Católica y la Iglesia Luterana buscan la comunión y no la separación. Antes de hablar sobre una declaración conjunta Luterano-Católico Romana sobre la reforma, me gustaría presentarles la postura general de la Iglesia Católica sobre la justificación.

Si bien es cierto que podemos consultar el Catecismo de la Iglesia Católica, preferiría hacer referencia a una auditoría general en la que el entonces Papa Benedicto XVI se dirige a su pueblo para explicar la justificación. Te invito a leer esta audiencia del 19 de noviembre del 2008 antes de continuar, haciendo click aquí, pues creo que es clave para entender la cuestión en mano.


Bien, asumiré que ya has leído la audiencia de Benedicto XVI. Creo que dicha audiencia es una buena lectura para todo cristiano, especialmente para aquellos que no están en comunión con la Iglesia de Roma. Si eres cristiano de alguna denominación fuera de la Iglesia Católica, entonces creo que puedes comenzar a entender lo que realmente enseña la Iglesia sobre la justificación.

Como podemos ver, ni el catecismo ni el papa enseñan que somos justificados por obras. Creo que en este punto, la gran mayoría de las denominaciones cristianas y la Iglesia Católica concuerdan que no es posible ser salvos meramente por nuestras obras. Si no tengo fe, por más obras que realice, jamás seré salvo. Es indispensable la fe para recibir la gracia de nuestro Señor Jesucristo.

Existe un documento publicado y firmado el 31 de octubre de 1999 por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica llamado «Declaración conjunta sobre la doctrina de la fe». Dicho documento establece que:

Una de las finalidades de la […] declaración conjunta es demostrar que a partir de este diálogo, las iglesias luterana y católica romana se encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo.

No te voy a pedir que leas toda la declaración, pero sí creo que es una excelente lectura, especialmente en este año en el que se cumplen 500 años del inicio de la Reforma Protestante. Aunque el documento no engloba todo lo que una y otra iglesia enseñan acerca de la justificación, podemos recuperar puntos fundamentales sobre dicho tema que comparten ambas iglesias. El punto 15 de la declaración expresa que:

[…] Juntos confesamos: «Sólo por gracia mediante la fe en Cristo y su obra salvífica y no por algún mérito nuestro, somos aceptados por Dios y recibimos el Espíritu Santo que renueva nuestros corazones, capacitándonos y llamándonos a buenas obras».

Aquí se confirma algo que el cristiano promedio parece ignorar, ambas iglesias profesan que somos salvos por la fe en Cristo. Creo que esta creencia no la comparten sólo las iglesias luteranas y la Iglesia Católica, sino la gran mayoría de las denominaciones cristianas. ¡Cuanta alegría sabernos más cercanos que separados!

Es difícil reflexionar sobre cada punto de la declaración conjunta, sin embargo me gustaría mostrar una referencia más sobre lo que concluyen ambas iglesias sobre las buenas obras del justificado.

Juntos confesamos que las buenas obras, una vida cristiana de fe, esperanza y amor, surgen después de la justificación y son fruto de ella. Cuando el justificado vive en Cristo y actúa en la gracia que le fue concedida, en términos bíblicos, produce buen fruto. Dado que el cristiano lucha contra el pecado toda su vida, esta consecuencia de la justificación también es para él un deber que debe cumplir. Por consiguiente, tanto Jesús como los escritos apostólicos amonestan al cristiano a producir las obras del amor.

Aunque existen diferencias claras que pueden leer en el documento, es padrísimo entender que ambas iglesias coinciden en algo fundamental, esto es que las buenas obras no son fruto de nostros, sino que surgen después de la justificación y son fruto de la misma.

Como ya leímos, el Papa Emérito Benedicto XVI, nos enseña que la expresión de Lutero «sola fide», es verdadera si no se opone la fe al amor. Es necesario que vivamos como Cristo, con caridad, y de esta manera permitir que nuestra fe obre por medio de la caridad. 

Termino este artículo reflexionando sobre una frase similar a la de Benedicto XVI al final de su audiencia ya mencionada. Frase que al igual que el Papa Emérito, también extraigo del evangelio de San Mateo.

«Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme».


Bibliografía

Iglesia Católica (1992). Catecismo de la Iglesia Católica. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana.

Benedicto XVI (2008). Audiencia general del 19 de noviembre del 2008

Federación Luterana Mundial, Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (1999). Declaración conjunta sobre la doctrina de la fe

Anexo

Federación Luterana Mundial. Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos (2013). Del conflicto a la comunión: Conmemoración conjunta Luterano – Católico Romana de la reforma en el 2017. Maliaña, España: Sal Terrae.