Seguir el “camino de la humildad” que ayuda a tener “relaciones auténticas”: Papa Francisco

(ZENIT).- De acuerdo a las palabras del Papa Francisco, el Señor nos invita a que no busquemos “por nuestra propia iniciativa la atención y la consideración de los demás, sino, más bien, dejar que sean los otros las que nos las presten”, y a seguir “el camino de la humildad”,  “porque es el más auténtico, el camino de la humildad, que también nos permite tener relaciones auténticas”.

Antes del rezo del Ángelus, el Santo Padre se ha referido hoy, 1 de septiembre de 2019, al evangelio dominical (Lc 14,1.7-14) que muestra a Jesús participando en un banquete en casa de un jefe de los fariseos y en el que este observa como los invitados corrían para ocupar los primeros puestos.

Francisco resaltó que, también hoy, “habitualmente se busca el primer lugar para afirmar una supuesta superioridad sobre los demás. En realidad, esta carrera hacia los primeros puestos perjudica a la comunidad, tanto civil como eclesial, porque arruina la fraternidad”, expresó el Papa Francisco.

En dicho pasaje, Jesús ofrece dos parábolas a las que el Pontífice ha remitido. La primera de ellas está dirigida a quien es invitado a un banquete, al que Jesús propone que se siente siempre en último sitio, y que sea el anfitrión el que le pida ponerse delante, demostrando la citada humildad.

En la segunda parábola, Jesús apela al que invita y le exhorta a convidar a “los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos y serás bienaventurado porque no tienen nada para devolverte” y porque “recibirás en efecto tu recompensa en la resurrección de los justos”.

Así, el Papa recuerda que el que se comporte de este modo “tendrá la recompensa divina, mucho más alta que el intercambio humano que uno se espera” y, frente al interés personal que suele surgir en las relaciones humanas, resalta la generosidad desinteresada a la que invita Dios “para abrirnos el camino hacia una alegría mucho mayor: la alegría de ser partícipes del amor mismo de Dios, que nos espera a todos nosotros en el banquete celestial”.

El Obispo de Roma se disculpó por el retraso de unos minutos en el rezo del Ángelus, ya que hubo un fallo eléctrico y se quedó encerrado en el ascensor durante 25 minutos. Además, agradeció el trabajo de los bomberos, que acudieron prontamente y lograron hacer funcionar de nuevo el elevador.

En primer lugar, tengo que disculparme por el retraso, pero hubo un incidente: ¡me quedé atrapado
en el ascensor durante 25 minutos! Hubo un corte de electricidad y el ascensor se paró. Gracias a Dios
los bomberos han venido -¡se lo agradezco mucho! – y después de 25 minutos de trabajo se las arreglaron para hacerlo andar. ¡Un aplauso para los bomberos!

El Evangelio de este domingo nos muestra a Jesús, participando en un banquete en casa de un jefe de los fariseos. Jesús miraba y observaba como los invitados corren para conseguir los primeros lugares, una actitud bastante difundida en nuestros días, y no solo cuando se nos invita a una comida. Habitualmente se busca el primer lugar para afirmar una supuesta superioridad sobre los demás.  En realidad, esta carrera hacia los primeros puestos perjudica a la comunidad, tanto civil como eclesial, porque arruina la fraternidad. Todos conocemos a estas personas que siempre quieren trepar para ir cada vez más arriba y dañan la fraternidad. Ante esta escena, Jesús cuenta dos breves parábolas.

La primera parábola se dirige al que es invitado a un banquete y lo exhorta a no ponerse en el primero puesto, porque, dice, “no haya otro invitado más digno que tú y el que te invito a ti y a él venga a decirte: ‘Cédele tu lugar’. Entonces deberás ocupar con vergüenza el último puesto”. Jesús, en cambio, enseña a tener una actitud opuesta: “Cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que cuando venga el que te ha invitado te diga: ‘Amigo, ven más adelante’” (v. 10). Por lo tanto, no debemos buscar por nuestra propia iniciativa la atención y la consideración de los demás, sino, más bien, dejar que sean los otros las que nos las presten. Jesús, nos muestra siempre el camino de la humildad, porque es el más auténtico, el camino de la humildad, que también nos permite tener relaciones auténticas. El camino de la humildad, no la humildad ficticia, la verdadera humildad.

En la segunda parábola, Jesús se dirige al que invita y, refiriéndose al modo de seleccionar a los invitados a la fiesta, le dice: “Cuando ofrezcas un banquete invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos y serás bienaventurado porque no tienen nada para devolverte. También aquí, Jesús va completamente a contracorriente, manifestando como siempre la lógica de Dios Padre. Y añade también la clave para interpretar su razonamiento, y ¿cuál es la clave?: si tú haces esto “recibirás en efecto tu recompensa en la resurrección de los justos” (v. 14). Esto significa que el que se comporta de esta manera, tendrá la recompensa divina, mucho más alta que el intercambio humano que uno se espera: yo te hago un favor esperando que tú me hagas otro, no, la generosidad humilde. El intercambio humano, de hecho, suele distorsionar las relaciones, introduciendo el interés personal en una relación que debería ser generosa y gratuita. En cambio, Jesús, nos invita a la generosidad desinteresada para abrirnos el camino hacia una alegría mucho mayor: la alegría de ser partícipes del amor mismo de Dios, que nos espera a todos nosotros en el banquete celestial.

Que la Virgen María “humilde y elevada más que una criatura” (Dante, Paradiso, XXXIII, 2), nos ayude a reconocernos como somos, es decir, pequeños, y a alegrarnos en el dar sin reciprocidad.

 

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