¿Santo yo? Una meta al alcance de todos

Cuando pensamos en la santidad, muchas veces se puede ver como algo inalcanzable. Para los católicos de a pie, gracias a Dios en la Iglesia tenemos ejemplos de personas que lucharon en su vida por vivir las virtudes humanas, para así convertirlos en santos y modelos de cómo imitar la vida de Cristo con su carisma específico.

La santidad es: cómo hago propia la vida y enseñanzas de Cristo en mi día a día, que me lleven a ser mejor cada día.

El Concilio Vaticano II llama a todos los católicos a buscar la santidad en nuestras circunstancias particulares.

¿Qué puedo hacer para ser santo?

Primero, hay que quererlo ser y vivir en consecuencia a ello, sabiendo que tenemos defectos, pero que lucharemos una y otra vez en convertir esos defectos en virtudes para tratar de imitar la vida de Cristo. Antes se pensaba que los santos sólo podrían ser sacerdotes y religiosos. Pero no, santo puede ser cualquier católico, que viva su fe con coherencia. Estamos llamados a ser santos, de altar, canonizable, que nuestra vida pueda servir como ejemplo a muchos para que encuentren a Dios en el día a día.

Para eso debemos tener claro el objetivo y poner los medios para llegar a ello: ¿Cuáles son esos medios? Los sacramentos. Ellos nos ayudarán a vivir en gracia y estar más dispuestos a escuchar a Dios en lo que nos pida. Entre más acudamos a ellos, más dispuestos estaremos.

Otra cualidad es tener una vida de oración activa. Hablar con Dios: eso es hacer oración; contarle nuestros problemas, ilusiones, propósitos y demás; hacerlo parte de nuestra vida mediante la oración.

Por otro lado, ser una persona que busque hacer apostolado. Es decir, ayudar a las almas a que tengan un encuentro personal con Dios, empezando con la gente más cercana a nosotros: familia, compañeros de trabajo, et cétera. No busquemos las multitudes. Claro: si se puede adelante, pero es mejor buscar uno a uno, ya que así nos será más fácil plantear retos personales a nuestros amigos y así ayudarlos más.

Otra cualidad importante es procurar leer frecuentemente la vida de Jesucristo en los Santos Evangelios, ya que si queremos imitarlo primero debemos conocerlo.

Y por último, buscar a su madre, la Virgen, que es también madre nuestra y que nunca nos dejará en nuestra lucha. Acudir a ella cuando las cosas se compliquen y nuestra debilidad pueda más pues ella no nos dejará.

Espero que este pequeño artículo te ayude a ti que estás en Enlace Católico a replantearte cosas en tu vida, que puedan mejorar.

Y recuerda: santo no es aquel que nunca cae, sino el que cae pero sabe siempre levantarse.

Por Salvador Castañeda