La inauguración del pesebre y la iluminación del árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro es una tradición que también gusta a los adultos. Introducido en 1982 por Juan Pablo II, acompaña e invita a romanos, turistas y peregrinos de todo el mundo desde hace 37 años. Y para muchos, se ha convertido en una cita ineludible.

El pesebre y el árbol, fueron donados respectivamente por Scurelle, en la provincia de Trento, y Rotzo, en el Altiplano de Asiago: dos de los muchos municipios marcados por la tempestad que en 2018 devastó bosques enteros del Triveneto. El encuentro hodierno del Papa Francisco con los donantes de los dos símbolos de la Navidad, fue una oportunidad para que el Papa animara a la gente de estas zonas afectadas, pero también para la reflexión común:

El encuentro hodierno me brinda la oportunidad de renovar mi aliento a sus poblaciones, que el año pasado sufrieron una devastadora calamidad natural, con la destrucción de enteras zonas boscosas . Se trata de eventos que asustan,  son señales de alerta que la creación nos envía, y que nos piden que tomemos inmediatamente decisiones eficaces para salvaguardar nuestra casa común.

El maravilloso signo del pesebre

Es la maravilla que acompaña la iluminación del belén y del árbol de Navidad. Sonrisas y ojos brillantes marcan los rostros de todos, de los más pequeños y de los más grandes, para dar razón de las palabras de Francisco en la letra «Admirable signum»:

El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración.  Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas… Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza.

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