Esto podría cambiar tu vida (Hermosas oraciones)

Muchos de nosotros aprendimos a memorizar oraciones en primaria, o solo sabemos orar el Rosario. Si en algún momento sientes que tu vida de oración no va a ninguna parte, el mejor lugar a donde puedes recurrir es la Biblia.

Los Salmos son un gran tesoro cuando se habla de oración personal, solo debemos de recordar que Jesús los utilizaba para rezar, como en el momento de la cruz.

El Catecismo de la Iglesia Católica explora con más profundidad este tema, donde se destaca 5 tipos diferentes de oración que se encuentran en la Sagrada Escritura.

Bendición y adoración

El Padre Nuestro contiene bendiciones de este tipo, cuando decimos “santificado sea tu nombre”, la adoración está estrechamente ligada a la bendición y el Catecismo la describe como “la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. Exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal” (2628).

La bendición es descrita por el Catecismo como una oración que “expresa el movimiento de fondo de la oración cristiana: es encuentro de Dios con el hombre; en ella, el don de Dios y la acogida del hombre se convocan y se unen. La oración de bendición es la respuesta del hombre a los dones de Dios: porque Dios bendice, el corazón del hombre puede bendecir a su vez a Aquel que es la fuente de toda bendición” (CIC 2627).

Oración de petición

Consiste en un “vocabulario de súplica” y tal vez es el tipo de oración más conocido, es una oración que reconoce el poder y la majestad de Dios y pide misericordia para nuestras vidas.

Debería de incluir primero una oración de perdón, como la de la parábola del publicano: “Oh Dios ten compasión de este pecador”, es el comienzo de una oración justa y pura.

Dios siempre responde a nuestras oraciones de petición, aunque tal vez no sean respondidas de la manera que esperamos. La humildad nos devuelve a la luz de la comunión con el Padre y su Hijo Jesucristo y de los unos con los otros.

Oración de intercesión

Es un tipo antiguo de oración que se encuentra en la Biblia, el Catecismo lo explica: “Interceder, pedir en favor de otro, es, desde Abraham, lo propio de un corazón conforme a la misericordia de Dios. En el tiempo de la Iglesia, la intercesión cristiana participa de la de Cristo: es la expresión de la comunión de los santos. En la intercesión, el que ora busca ‘no su propio interés sino […] el de los demás’, hasta rogar por los que le hacen mal” (2635).

Es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. Él es el único intercesor ante el Padre en favor de todos los hombres de los pecadores en particular. Puede ser muy poderosa y Dios está especialmente atento a los que rezan por otros que sufren.

Un ejemplo es cuando Jesús curó un hombre paralítico que llevaron a la casa a través del techo; Marcos documenta: “Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: ‘Hijo, tus pecados te son perdonados’” (Marcos 2,5).

Oración de acción de gracias

Es un tipo común de oración, pero no se practica a menudo, tal vez recemos por una petición específica, pero cuando Dios responde a nuestras oraciones, olvidamos agradecérselo.

Cuando Jesús sanó a 10 leprosos y solo uno regresó a darle las gracias, señaló: “¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?” (Lucas 17,17-18).

Oración de alabanza

A pesar de ser similar a la bendición y a la dación de gracias, es distinta. Es una oración “que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es” (2639).

Ensalza a Dios por ser Dios, no en referencia a ningún beneficio específico o favor recibido. La Eucaristía es llamada a menudo “el sacrificio de alabanza”.

El Catecismo lo explica: “Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo” (2641).

También puede ser encontrada en el libro del Apocalipsis: “los profetas y los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús, la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero” (2642).

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