El Papa denuncia la «blasfemia» de invocar a Dios para justificar asesinatos, matanzas o persecución

El Papa Francisco ha recibido este viernes en audiencia a los participantes en la Conferencia sobre la violencia cometida en nombre de la religión. En su discurso, el Santo Padre recordó las palabras que ya pronunció en su viaje a Egipto durante su visita a la Universidad Al-Azhar, donde dijo que “estamos obligados a denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos, a poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios”.

Por ello, el Pontífice insistió a los participantes en que la “violencia promovida y llevada a cabo en nombre de la religión solo puede desacreditar a la religión misma”.  Y como consecuencia, dicha violencia “debe ser condenada por todos, y especialmente por personas genuinamente religiosas”.

La “blasfemia” de invocar a Dios para hacer el mal
En su intervención, Francisco explicó que “la persona religiosa sabe que una de las mayores blasfemias es invocar a Dios como la justificación de sus propios pecados y crímenes, invocarlo para justificar asesinatos, matanzas, esclavitud, explotación de cualquier forma, opresión y persecución de individuos y poblaciones enteras…”.

“La persona religiosa sabe que Dios es el Santo, y que nadie puede pretender usar su nombre para perpetrar el mal. Todo líder religioso está llamado a desenmascarar cualquier intento de manipular a Dios para fines que no tienen nada que ver con él ni con su gloria. Necesitamos mostrar, con un esfuerzo incansable, que cada vida humana es sagrada, que merece respeto, estima, compasión y solidaridad, sin importar la etnia, religión, cultura o convicciones ideológicas y políticas”, prosiguió el Papa.

De este modo, hizo un llamamiento a conseguir “un compromiso común por parte de las autoridades políticas, los líderes religiosos, los docentes y los que se dedican a los campos de la educación, la formación y las comunicaciones, para advertir a todos los tentados por formas perversas de religiosidad equivocada que estos no tienen nada para hacer con la profesión de una religión digna de este nombre”.

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