El que no vive para servir a Dios, no sirve para vivir

San Juan nos explica que Dios es amor y a través de nuestro amor el uno por el otro, llegamos a conocer a Dios y servirle. Además nos habla de la importancia de sacrificio de Cristo para que tengamos vida a través de Él, Dios nos llama a tener fe:

“Nadie ha visto a Dios. Sin embargo, si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor es llevado a la perfección en nosotros”.

Debemos de amar a los demás como Dios nos ama, sigamos este mandamiento y permaneceremos con Dios.

El Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda la humanidad de Jesús y el significado de su sacrificio, sufrió, sintió dolor, dejó su vida y puso su corazón sobre nosotros.

Recojamos lo que Dios nos dio y compartámoslo al mundo, abramos nuestros corazones y compartamos el amor de Cristo.

Oración de consagración al Sagrado Corazón

Sagrado Corazón de Jesús, que manifestaste a Santa Margarita María el deseo de reinar en las familias cristianas, hoy queremos reconocer públicamente Tu dominio absoluto sobre nuestra familia.

Deseamos, de ahora en adelante, vivir con Tu vida; deseamos dejar que esas virtudes se arraiguen y prosperen entre nosotros, por medio de las cuales Tú has prometido la paz aquí abajo; desterraremos lejos de nosotros ese espíritu del mundo que Tú maldijiste.

Gobierna, por lo tanto, sobre nuestras mentes a través de la simplicidad de nuestra fe y sobre nuestros corazones a través del amor genuino con el cual arderán por Ti, cuya llama se mantendrá viva a través de la frecuente recepción de la Divina Eucaristía

¡Dígnate, oh Divino Corazón!, presidir nuestras asambleas, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, disipar nuestras preocupaciones, santificar nuestras alegrías y aliviar nuestros sufrimientos.

Si alguno de nosotros tuviera en algún momento la desgracia de afligirte, recuérdale, oh Corazón de Jesús, que eres bueno y misericordioso con el pecador penitente.

Y cuando llegue la hora de la separación, cuando venga la muerte a echar la tristeza en medio de nosotros, haremos todo, tanto los que se van como los que se quedan, para estar resignados a tus decretos eternos.

Nos consolaremos con el pensamiento de que llegará un día en que toda la familia, reunida en el Cielo, podrá cantar para siempre Tu gloria y Tu misericordia.

Que el Inmaculado Corazón de María y el glorioso Patriarca San José te presenten esta consagración y la mantengan en nuestras mentes todos los días de nuestra vida.

Toda la gloria al Corazón de Jesús, nuestro Rey y Padre

Amén