No solo tenemos que arrepentirnos del pecado, tenemos que… (Te asombrará)

Muchas veces estamos verdaderamente arrepentidos, sin embargo seguimos cometiendo el mismo pecado, esto puede deberse a que en nosotros habita algún espíritu de maldad, en la actualidad, dichos espíritus pueden ser reconocidos como vicios, así que no te asustes, no estas poseído.

En muchas ocasiones tenemos bien arraigado algún vicio; hay otros malos hábitos que no parecieran ser tan graves o perjudiciales, lo grave radica en que poco a poco nosotros mismo los vamos “normalizando”, es decir llega un momento en que nuestra mente y conciencia lo consideran algo normal o que no es tan grave; además es muy común que cometer pecados no tan graves, nos lleven a cometer pecados muy graves o pecados mortales.

¿La solución está en la confesión?

La confesión es un misterio de Dios lleno de misericordia que nuestra mente no alcanza a comprender, la confesión no hay que entenderla sino solo vivirla, disfrutarla y entregarnos a los brazos amorosos de Dios que nos otorga el perdón de nuestras malas acciones.

Dios por su inmenso amor nos perdona, entonces ¿Por qué nosotros no podemos dejar de cometer siempre los mismos pecados? El hombre arrepentido es consciente de estos vicios y recurre a Jesucristo para que lo libere del vicio (espíritu de maldad) y así ocurre porque Dios no deja oración sin respuesta.

En el libro de San Mateo 12, 43-45, Dios nos dice que al librarnos de un espíritu de maldad, si no encuentra refugio, al ver un espacio vacío en nosotros regresará pero con más fuerza, haciendo que el hombre llegue a un estado peo del que se encontraba antes de su arrepentimiento.

Aquí surge otra pregunta ¿Por qué este espíritu de maldad puede regresar si fue el mismo Dios que lo echó fuera? Pues en esta misma cita, específicamente en el versículo 44 se nos dice que la “casa”, además de limpia y adornada está VACÍA, DESOCUPADA, esto implica que hay un lugar, un espacio disponible para que el o los espíritus de maldad (vicios) habiten en Él. Si este lugar NO estuviera vacío, el espíritu de maldad no podría ocuparlo.

En conclusión…

Si queremos ser libres de todo vicio y maldad, además del arrepentimiento sincero, de la liberación del espíritu de maldad, necesitamos volver a Dios y pedirle que habite en nuestro corazón para que ya no este vacío y nadie, a parte de Él pueda ocuparlo.

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