El nacimiento de la Virgen María minuto a minuto. Las desconocidas revelaciones privadas de una testigo

Desde la eternidad Dios Padre ha manifestado su amor salvífico, dando vida a una criatura Inmaculada, alma Santísima, templo del Espíritu Santo, Madre de su Hijo, la bienaventurada Virgen María.

Transcurrieron siglos, generaciones, para que, llegado el momento propicio, conocido y permitido por Dios, pudiere nacer la Madre del Salvador; y así la Genealogía de Jesús -que cita el Evangelio de Mateo- pudiere culminar con la reveladora frase: “…María de la que nació Jesús, llamado Cristo”.

Cada 8 de septiembre la Iglesia celebra la Natividad de la Virgen María y este es un singular relato de aquel momento, descrito por una privilegiada testigo que Juan Pablo II declaró Beata…

Contemplé la creación del alma santísima de María y su reunión con su purísimo cuerpo. En mis contemplaciones habitualmente me presentan la Santísima Trinidad en un cuadro de luz, y vi que en él se movía como una gran montaña refulgente que tenía también figura humana. Del centro de esta figura humana subía hacia su boca una gloria que salía por ella.

Entonces vi esta gloria delante y separada de la faz de Dios, y vi que giraba y tomaba forma, o más bien la recibía, y mientras tomaba figura humana vi que por voluntad de Dios se formaba indeciblemente bella. Dios mostró la belleza de esta alma a los ángeles, que se alegraron indeciblemente con su belleza…
(…)

Sobre Ana vino una luz, y de esa luz bajó un rayo al centro de su costado, y entró en Ana una gloria en forma de reluciente figurita humana. En ese mismo instante vi que la madre Santa Ana se incorporó en su lecho rodeada de resplandores. Estaba como arrobada y vi como si su interior se abriera como un tabernáculo en el que divisé una virgencita refulgente de la que saldría toda la salvación de la Humanidad. Ese fue el momento en que la Niña María se movió por primera vez bajo su corazón…
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Hace ya varios días que Ana le había dicho a Joaquín que se acercaba el momento de dar a luz y envió mensajeros a su hermana pequeña Maraha en Séforis; a la viuda Enué, hermana de Isabel, en el Valle de Zabulón; y a su sobrina María Salomé en Betsaida, para informarlas y que vinieran.
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Las tres parientes de Ana llegaron a casa al anochecer; entraron a su cuarto detrás de la lumbre y la abrazaron. Después Ana las indicó la proximidad de su parto, y entonó de pie con ellas el salmo: «Alabad al Señor Dios que se ha apiadado de su pueblo, ha salvado a Israel y ha cumplido la promesa que hizo a Adán en el Paraíso cuando le dijo que la semilla de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente… El germen que Dios dio a Abraham ha madurado en mí… La flor de la vara de Aarón se ha cumplido en mí». Entonces la vi transida de luz …
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Ana se arrodilló… con una mujer a cada lado y otra detrás; y dijo otro salmo… Entonces vi que una luz sobrenatural llenó el cuarto y se adensó tejiéndose en torno a Ana. Las mujeres se prosternaron sobre sus rostros, como aturdidas. La luz tomó en torno a Ana toda la forma de aquella figura que tuvo en el Horeb la zarza ardiente de Moisés, así que ya no pude ver nada más de Ana. Las llamas irradiaban completamente hacia adentro, y entonces de repente vi que Ana recibió en sus manos la refulgente Niña María, la envolvió en su manto, la apretó contra su corazón… 
(…)

En el mismo instante en que la Niña María recién nacida descansó en brazos de su madre, la vi también presentada en el Cielo ante la faz de la Santísima Trinidad, saludada por la indescriptible alegría de todos los ejércitos celestiales.

Testigo que narra: La estigmatizada Ana Catalina Emmerich (1774-1824), beatificada por Papa Juan Pablo II en 2004

Aclaración: Esta narración de Ana Catalina Emmerich corresponde a visiones personales que ella testimonia haber tenido. En la Iglesia estas son llamadas “revelaciones privadas” que según se señala en el Catecismo de la Iglesia Católica… “no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de «mejorar» o «completar» la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia.” (Catecismo N° 67)

Medio de registro: Escrito de sus visiones particulares.

Fuente: Autores Católicos. Revelaciones de Sor Ana Catalina Emmerich.

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