“Las monjas no tienen un contrato”

Mujer Iglesia Mundo, revista mensual del Vaticano, denunció en su artículo titulado “El trabajo (casi) gratuito de las monjas”, que existen monjas que son tratadas como sirvientas por cardenales y obispo; no tienen un suelto o es modesto “Rara vez estas religiosas son invitadas a sentarse a la mesa”.

Marie-Lucile Kubacki, autora del artículo prefirió cambiar el nombre de las consagradas para protegerlas, monjas de varias nacionalidades denunciaron que viven en una situación doméstico que “definitivamente no es reconocido”.

“Algunas de ellas sirven en las casas de obispos o cardenales, otras trabajan en la cocina en las estructuras de la Iglesia o realizan tareas de catequesis y enseñanza”.

El artículo habla de la mujeres con hábitos “empleadas al servicio de hombres de la Iglesia, que se levantan al amanecer para preparar el desayuno e irse a dormir una vez servida la cena, la casa esté arreglada, la ropa lavada y planchada …” Pero en este tipo de servicio las monjas no tiene un horario preciso y regulado.

La hermana “Marie” cuenta que rara vez las monjas son invitadas a sentarse a la mesa a la que sirven, cuestionando si es normal que una persona consagrada sea servida de esa manera por otra consagrada.

Por su parte, la hermana Cécile agregó que al contrario de sus hermanas laicas, ella trabaja en un centro sin contrato: “Hace diez años, como parte de mi colaboración con los medios, me preguntaron si realmente quería que me pagaran. Una de mis hermanas anima las canciones en la parroquia cercana y da conferencias sin recibir un centavo. Mientras que cuando un sacerdote viene a decir misa, nos pide 15 euros”.

Después dio la declaración más íntima: “A veces la gente critica a las religiosas, su rostro de gris, su carácter … Pero, detrás de todo esto hay muchas heridas”.

Paule, otra monja asegura que se necesitaría definir la magnitud del problema del trabaja gratuito poco reconocido de las religiosas: “Muchas veces eso significa que las monjas no tienen un contrato o una convención con los obispos o las parroquias con las cuales trabajan”.

La denuncia también expone las diferencias de género que existe en temas prácticos: “Las hermanas son vistas como voluntarias de las que se puede disponer a voluntad, lo que da lugar a abusos reales de poder. Detrás de todo esto está la cuestión del profesionalismo y la competencia que muchas personas encuentran difícil de reconocer a las religiosas“.