Que la cuarentena nos sirva para valorar la Eucaristía

Como muchos sabemos, debido al COVID-19 muchas iglesias cerraran sus puertas para no ser fuente de contagio ante esta pandemia que ataca a la gran mayoría de países del mundo.

Me puse a pensar, estando en la última Misa dominical presencial, el que difícil será para nosotros los laicos no poder contar con la comunión en estos días.

Pero esto nos puede llevar a reflexionar ¿En que lugar está Cristo en mi vida? Para mí, como para muchos católicos, la eucaristía es el centro y raíz de nuestra vida interior, la fuerza que tenemos cada día para afrontar nuestras contrariedades.

Cuando nos falta algo, valoramos realmente lo que es y me pongo a pensar, en las muchas Misas que tal vez, por descuido personal, no ponía atención con todos los sentidos, por que es algo que teníamos ahí y siempre estaría ahí.

Pero ahora esta circunstancia nos debe llevar a valorar, la presencia real de Jesucristo en la eucaristía y el milagro que representa.

¿Sabemos realmente el milagro de la Eucaristía?

En la última Cena, Jesucristo hizo un milagro: con las palabras que ahora se repiten en la Consagración -“Esto es Mi cuerpo; Este cáliz es la Nueva Alianza de Mi Sangre” (Lc 22, 19-20)- hizo que el pan y el vino se convirtiesen en Su Cuerpo y Su Sangre, sin que cambien las apariencias del pan y del vino. En esto consiste el milagro de la transubstanciación: no cambian los accidentes -el pan y el vino continúan pareciendo pan y vino- pero ya no son aquello que eran, son algo totalmente distinto: el Cuerpo y la Sangre del Señor (Catecismo de la Iglesia Católica, 1376 y 1413). Sin fe, la realidad -el milagro- de la transubstanciación no se puede entender.

La Eucaristía no es un símbolo sino el mismo Cristo, que está bajo las especies del pan y del vino: su presencia es real, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad (san Josemaría). Es Cristo entero, el mismo que nació en Belén, que trabajó en Nazaret, que hizo milagros, que lloró por sus amigos, que murió en la Cruz, que resucitó.

 

¿Qué nos queda para esta cuarentena?

Primero prepararnos realmente, con mucha fe para la que será nuestra próxima comunión, ese encuentro personal con Cristo, que tal vez para muchos laicos será dentro de más de 2 semanas, como dice un amigo, crecer para adentro, para poder valorar y dimensionar el milagro que cada Misa es.

También seguir con mucha piedad las Misas On-Line, aunque no sea lo mismo, pero sí unirnos a esas Misas con el corazón y mente, sabiendo que estamos siendo testigo de un milagro, que por el momento no podremos recibir en forma física.

Debemos ser almas de oración, que procuremos tratar al señor en nuestra oración mental, cuidando ese tiempo que le dedicamos a hacer oración, como la cita más importante de nuestro día, en medio de nuestro encierro temporal, platicar con Él, contarle nuestras preocupaciones, nuestros futuros proyectos y pedirle, por cada alma que esta muriendo por este virus.

Es ahora cuando más debemos estar unidos a Dios, con nuestras limitantes temporales y que esta cuarentena en vez de ser un tiempo de no hacer aparentemente gran cosa, sea y sirva para crecer en vida interior y valorar la Misa, prepararnos con ánimo, para aquella próxima comunión real que tendremos, como si fuera la primera, con ilusión y mucho amor a Dios, que esta realmente presente en la eucaristía.

 

Saludos

Salvador G. Castañeda Salcedo
Director de Enlace Católico