Joven que falleció de tumor cerebral en 2009 va camino a los altares

El miércoles 6 de mayo, el Vaticano informó que el Papa Francisco reconoció las virtudes heroicas de una mujer y cuatro hombres, entre quienes está Matteo Farina, un adolescente italiano que murió de un tumor cerebral en 2009.

Ese día la Santa Sede indicó que después de una reunión el 5 de mayo con el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Becciu, el Papa aprobó la virtud heroica de los sacerdotes italianos Francesco Caruso (1879-1951) y Carmelo De Palma (1876-1961), del sacerdote redentorista español Francisco Barrecheguren Montagut (1881-1957), y de la laica española María de la Concepción Barrecheguren y García (1905-1927).

La quinta causa de canonización es la del adolescente italiano Matteo Farina (1990-2009), quien creció en una fuerte familia cristiana en la ciudad de Brindisi, en el sur de Italia.

La parroquia donde recibió los sacramentos estaba bajo el cuidado de los frailes capuchinos, de quienes aprendió la devoción por San Francisco y el Padre Pío.

El postulador de la causa de la santidad de Farina dijo que desde muy joven tenía el deseo de aprender cosas nuevas, siempre emprendiendo sus actividades con diligencia, ya fuera en la escuela, el deporte o su pasión por la música.

Desde los ocho años, el joven se confesaba a menudo y se dedicó a leer la Palabra de Dios. A los nueve años, leyó todo el Evangelio de San Mateo como una práctica de Cuaresma. Farina también rezaba el rosario todos los días.

Cuando tenía nueve años tuvo un sueño en el que escuchó al Padre Pío decirle que si entendía que “quien no tiene pecado es feliz”, debe ayudar a otros a entenderlo, “para que todos podamos ir juntos, felices, al reino de los cielos”.

A partir de ese momento, Farina sintió un fuerte deseo de evangelizar, especialmente entre sus compañeros, a los que llevó la palabra de Dios cortésmente y sin presunción.

Sobre este deseo, Farina una vez escribió que esperaba “tener éxito en mi misión de ‘infiltrarme’ entre los jóvenes, hablándoles acerca de Dios (iluminado por Dios mismo); los observo, para entrar entre ellos tan silenciosos como un virus e infectarlos con una enfermedad incurable, ¡Amor!”.

En septiembre de 2003, un mes antes de cumplir 13 años, Farina comenzó a tener síntomas de lo que luego se diagnosticaría como un tumor cerebral. Mientras se sometía a exámenes médicos, comenzó a llevar un diario. Llamó a la experiencia del dolor “una de esas aventuras que cambian tu vida y la de los demás. Te ayuda a ser más fuerte y crecer, sobre todo en la fe”.

Durante los próximos seis años, Farina se sometió a varias operaciones cerebrales, quimioterapia y otros tratamientos para eliminar el tumor.

Su amor por la Virgen se fortaleció durante este tiempo y se consagró al Inmaculado Corazón de María.

Entre las hospitalizaciones, continuó viviendo la vida ordinaria de un adolescente: asistió a la escuela, salió con sus amigos, formó una banda y se enamoró de una niña.

Más tarde llamó a la casta relación que tuvo con Serena durante sus dos últimos años de vida “el regalo más hermoso” que el Señor podría darle.

Cuando tenía 15 años, Farina señaló, mientras reflexionaba sobre la amistad, que le gustaría “poder integrarme con mis compañeros sin ser forzado a imitarlos en errores. Me gustaría sentirme más involucrado en el grupo, sin tener que renunciar a mis principios cristianos. Es difícil. Difícil pero no imposible”.

Finalmente, la condición del adolescente empeoró y después de una tercera cirugía perdió la movilidad de su brazo y pierna izquierdos. A menudo repetía que “debemos vivir todos los días como si fuera el último, pero no en la tristeza de la muerte, sino en la alegría de estar listos para encontrarnos con el Señor”.

Farina murió rodeada de sus amigos y familiares el 24 de abril de 2009.

La postuladora de la causa de Farina, Francesca Consolini, escribió en el sitio web dedicado al joven venerable que en él surgió “un profundo compromiso orientado a purificar su corazón de todo pecado” y experimentó esta espiritualidad “no con pesadez, esfuerzo o pesimismo; de hecho, de sus palabras surge una confianza constante en Dios, una mirada tenaz, decidida y serena dirigida al futuro”.

Farina a menudo pensaba en la fe y la “dificultad de ir en contra corriente”. Preocupado por la falta de educación de buena fe para los jóvenes, emprendió esta tarea entre sus propios compañeros.

“Cuando sientes que no puedes hacerlo, cuando el mundo cae sobre ti, cuando cada elección es una decisión crítica, cuando cada acción es un fracaso y te gustaría tirar todo lejos, cuando el trabajo intenso te reduce al límite de la fuerza, tómate el tiempo para cuidar tu alma, ama a Dios con todo tu ser y refleja su amor por los demás”, escribió en su diario.

Traducido y adaptado por Harumi Suzuki. Publicado originalmente en CNA. Nota de ACI PRENSA