Estos son los 4 pasos del Santo Cura de Ars para reavivar en su pueblo el amor a la Eucaristía

1. Recordar la importancia de asistir a Misa dominical

El P. Landry dijo que lo primero que hizo el Santo Cura de Ars “fue ayudar a su pueblo a recuperar el sentido de la importancia de santificar el Día del Señor”.

Desde el inicio de la Iglesia el domingo era considerado como una “pequeña Pascua”, así que el santo siempre recordaba que el domingo era “un don divino para ayudarnos a ser quienes debemos ser”, dijo. El santo solía ir de paseo al pueblo antes de Misa para llevar a la gente del campo, e incluso, “no dudó en usar fuego y azufre cuando era necesario”, agregó.

El Santo Cura de Ars solía decir que el hombre “no sólo tiene necesidades materiales y apetitos básicos, sino también necesidades del alma y apetitos del corazón. Vive no sólo de pan, sino de oración, de fe, de adoración y de amor”.

Con el tiempo, la mayoría de aldeanos regresó a Misa dominical y eso le permitió iniciar “el verdadero trabajo de formarlos para vivir vidas eucarísticas”, dijo el P. Landry.

 

2. Enseñar el verdadero significado de la Misa

Después, el Santo Cura de Ars ayudó a su pueblo a recuperar el asombro por lo que pasa en la Misa. Les enseñó a “reconocer que en el sacrificio de la Misa participamos del sacrificio de Cristo […] que hizo posible la salvación; y que en la consagración, el pan y el vino se transforman totalmente en Jesucristo, real, verdadera y sustancialmente”, dijo el P. Landry.

Él solía decir a los fieles que “asistir a Misa es la acción más grande que podemos hacer”, pues durante la Eucaristía “¡la lengua del sacerdote y un pedazo de pan hacen a Dios! ¡Eso es más que crear el mundo!”, dijo el P. Landry, citando al santo.

Además, dijo el sacerdote, San Juan María Vianney recordaba que “todas las buenas obras en el mundo juntas no son equivalentes al sacrificio de la Misa, pues son obras de los hombres, y la Santa Misa es obra de Dios”.

“El mártir no es nada en comparación, pues el martirio es el sacrificio que el hombre hace de su vida a Dios; la Misa es el sacrificio que Dios hace de su Cuerpo y Sangre por el hombre”, dijo el santo.

 

3. Promover la reverencia a la Eucaristía en Misa

El P. Landry dijo que luego el santo ayudó a su pueblo a “crecer en la apreciación práctica de la presencia real del Señor en la Eucaristía”, a través de su ejemplo de vida: El santo solía hacer reverencia a la Eucaristía en Misa y hacía oración ante el Santísimo.

El Santo Cura de Ars solía decir que las personas nunca habríamos pensado en pedir a Dios “que su Hijo muera por nosotros, que nos dé su cuerpo para comer, su sangre para beber”, sino que “Dios en su amor lo ha dicho, concebido y actuado”, recordó el sacerdote.

El P. Landry dijo que el  santo “solía predicar entre lágrimas, recordando a su pueblo que Dios mismo estaba entre ellos en el altar y en el tabernáculo”; y precisó que el Santo Cura de Ars les decía: “¡Él está aquí!” y los animaba a dedicar más tiempo a la adoración eucarística y visitarlo como si fuera nuestro amigo.

Jesús “nos espera de noche y de día” para “decirle nuestras necesidades y para recibirlo”, y se acomoda “a nuestra debilidad: si se apareciera en gloria ante nosotros, nunca nos habríamos atrevido a acercarnos”, solía decir el santo.

 

4.   Alentar a recibir con frecuencia la Comunión 

El P. Landry dijo que el último paso fue ayudar a preparar el alma de su pueblo y de toda Francia con el Sacramento de la Confesión para que reciban a Jesús dignamente “no sólo cada domingo, sino con la mayor frecuencia posible, incluso todos los días”.

El Santo Cura de Ars confesó a muchas personas en jornadas de entre 12 a 18 horas diarias por 31 años, y les decía que si rezaban y recibían la Sagrada Eucaristía más seguido y con más amor “serían santos”.

El santo decía que en la Comunión “¡Dios se entrega a vosotros! ¡Él se hace uno contigo!”, y que si realmente comprendieran su felicidad, “no podrían vivir” sino que “morirían de amor”. “¡Venid a comulgar, venid a Jesús, venid a vivir de Él, para vivir por Él!”, recordó el P. Landry.

El Santo Cura de Ars trabajó con paciencia y rezó por la conversión de su pueblo hasta que logró que los fieles llenaran la iglesia todos domingos en la Misa de las 7:00 a.m.