¡Estás loco! Tú no puedes ser santo, ¿o sí?

ROSARY16Adwb (6/14/2010, Murrieta) METRO Two male parishioners of St. Martha's Catholic Church in Murrieta clutch their rosary beads during a weekly prayer group. (David Bauman/The Press-Enterprise)

Por Salvador Castañeda

Cuando pensamos en la santidad, se puede llegar a la idea que es una meta algo inalcanzable, como para un grupo de elegidos por Dios, que concede gracias particulares, para llevar obras y acciones concretas.

En la mayoría de los ejemplos de grandes santos, se ve ese patrón, de gente magnifica, un san Juan Pablo II, santa Teresa de Calcula, un san Josemaría Escrivá, entre otros santos de estos últimos años.

La santidad es: cómo hago propia la vida y enseñanzas de Cristo en mi día a día, que me lleven a ser mejor cada día.

Una santidad de altar, canonizables, a esos nos busca Dios.

¿Y cómo podemos buscar esa santidad?

Primero, hay que quererlo ser y vivir en consecuencia a ello, sabiendo que tenemos defectos, pero que lucharemos una y otra vez en convertir esos defectos en virtudes para tratar de imitar la vida de Cristo. Antes se pensaba que los santos sólo podrían ser sacerdotes y religiosos. ¡Pero no! santo puede ser cualquier católico, que viva su fe con coherencia.

En medio de nuestras acciones diarias, poniendo a Dios en cada uno de nuestros días, el hacer nuestro trabajo ordinario bien echo, por amor a Dios, con entrega, viendo que ese trabajo realizado con perfección humana nos eleva a Dios y que ahí es donde Él nos espera.

Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad y es así, en medio del mundo, ya sea en una oficina, en negocio, una fábrica, en cualquier lugar que desempeñemos, nuestro trabajo, ahí Dios nos espera cada día.

Para eso debemos tener claro el objetivo y poner los medios para llegar a ello: ¿Cuáles son esos medios? Los sacramentos. Ellos nos ayudarán a vivir en gracia y estar más dispuestos a escuchar a Dios en lo que nos pida. Entre más acudamos a ellos, más dispuestos estaremos a luchar.

Otra cualidad es tener una vida de oración activa. Hablar con Dios: eso es hacer oración; contarle nuestros problemas, ilusiones, propósitos y demás; hacerlo parte de nuestra vida mediante la oración.

Por otro lado, ser una persona que busque hacer apostolado. Es decir, ayudar a las almas a que tengan un encuentro personal con Dios, empezando con la gente más cercana a nosotros: familia, compañeros de trabajo, etc. No busquemos las multitudes. Claro: si se puede adelánte, pero es mejor buscar uno a uno, ya que así nos será más fácil plantear retos personales a nuestros amigos y ayudarlos más.

Otra cualidad importante es procurar leer frecuentemente la vida de Jesucristo en los Santos Evangelios, ya que si queremos imitarlo primero debemos conocerlo.

Y por último, buscar a su madre, la Virgen, que es también madre nuestra y que nunca nos dejará en nuestra lucha. Acudir a ella cuando las cosas se compliquen y nuestra debilidad pueda más, ya que ella no nos dejará.

Regresando al título de este artículo, debemos llenarnos de locura, locura de amor por Cristo, que nos lleven a decir un sí a Dios, con el cual nuestra lucha ayude a los demás en su camino hacia la santidad.

Y recuerda: santo no es aquel que nunca cae, sino el que cae pero sabe siempre levantarse. – San Josemaría-

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