Conoce la historia de María José Vila

Conoce la historia de María José Vila

Después de 11 años de intentos fallidos en busca de agua, la religiosa española, María José Vila, misionera del convento de clausura de las Agustinas Recoletas en la diócesis de Machakos-Makueni, en Kenia, encontró agua potable, con lo que podrá abastecer a la población cercana.

La religiosa explicó que el convento en el que viven “fue construido en una zona muy seca donde nos dijeron que encontraríamos agua pero tras ocho excavaciones en busca de pozos dejamos de intentarlo”.

La religiosa explicó que después de ocho intentos de excavaciones, construyeron “un aljibe en un río a más de 2 kilómetros para traer agua, nos llevó varios años y tuvimos que hacer canalización con tuberías subterráneas hasta el convento”.

El aljibe duró un tiempo “pero se rompían las tuberías y el agua llegaba muy sucia, incluso con el purificador, por lo que no fue una solución definitiva”.

Hace algunos meses volvieron a perforar en busca de agua, “contra toda esperanza”, pero sin dejar de confiar en Dios y al final lo consiguieron. Recuerda que en el momento que salió el agua “estábamos todas las hermanas sentadas alrededor de la excavación, nerviosas porque era nuestra última oportunidad, y cuando vimos el agua abundante lloramos de alegría e, incluso, el ingeniero que hizo el proyecto técnico cayó de rodillas”.

Tras encontrar agua, completaron la instalación con una bomba, tuberías y tanques, algo en lo que han invertido sus fondos y que ha sido “toda una hazaña y un gran regalo de Dios”.

La religiosa explica que el agua del pozo “nos ha cambiado la vida, hemos conseguido la primera cosecha de verduras en la huerta y los alrededores del convento están completamente verdes”.

Por otra parte subrayó que además pueden compartir el agua “con el poblado porque somos conscientes de que el agua es un derecho que no se puede negar a nadie y menos aún en una zona desértica como ésta”.

El Arzobispado de Valencia les proporcionó ayuda para sufragar la compra de una máquina, ya que recientemente se les estropeó una de las que tenían. “Con una máquina no podemos responder toda la demanda de nuestra diócesis”, precisa.